Podemos decir que el agua del grifo y el agua mineral están al mismo nivel —al menos en España—. No hay ninguna evidencia científica de que el agua embotellada sea más sana que la del grifo, ya que la cantidad de cloro presente en el agua del grifo no tiene ningún efecto perjudicial para la salud.

Barata, ecológica y al alcance de la mano, el agua del grifo reúne, a priori, las cualidades necesarias para no tener rival en el mercado. Sin embargo, en algunos casos, el mal sabor o la desconfianza sobre su calidad alejan a muchos europeos del acto cotidiano de llenar un vaso en el fregadero. El agua embotellada no es mejor que la del grifo. Para la salud el agua del grifo es perfectamente aceptable y buena. Si te vas a un país exótico, es mejor beberla embotellada porque el agua del grifo no tiene las condiciones sanitarias adecuadas. Pero en un país occidental beber agua de botella no tiene demasiado sentido.

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Las personas consumen agua embotellada bajo la (falsa) creencia de que ésta posee mayor calidad. La realidad es que el agua embotellada te puede ayudar a aliviar algunos pequeños problemas, pero el agua mineral natural no tiene propiedades curativas, ni mucho menos va a determinar nuestra salud.

En el mercado existen tres tipos de aguas embotelladas:

  1. Agua mineral natural. Es la más común en el mercado, recogida en un origen profundo y debe ser envasada tal cual sale del manantial. Ésta es la más recomendable según los expertos. Es la que mantiene un caudal y calidad de flujo constante, contiene sales minerales y oligoelementos (minerales que tiene el organismo en pequeñas cantidades pero que son esenciales para la vida). Se embotella cerca de la fuente. Y si la etiqueta indica que aporta beneficios a la salud de sus consumidores, estos han de estar demostrados.
  2. Agua de manantial. No tiene porqué demostrar que presenta efectos saludables para la salud. Se trata de agua potable, pura naturalmente, a la que se le aplica un mínimo tratamiento físico para asegurar su inocuidad.
  3. Agua potable preparada. Cualquier agua sometida a un tratamiento fisicoquímico para hacerla potable. Se encuentran las de proveniencia subterránea o superficial y las de abastecimiento público (grifo).

En cuanto a la COMPOSICIÓN, hay que hablar de tres aspectos: la dureza, el contenido en sales minerales y por último el residuo seco.

La dureza viene determinada por su contenido en calcio y magnesio y no tiene nada que ver con la calidad del agua, pero sí con el sabor. Según las necesidades de cada persona será necesario elegir entre aguas muy blandas (inferior a 50 mg/l), duras (450 mg/l) o de dureza elevada (superior a 800 mg/l). Esta diferencia es importante porque las aguas muy duras pueden contribuir a crear cálculos, aunque se recomiendan a personas que presentan por ejemplo osteoporosis o para los deportistas que necesitan reponen minerales perdidos a través del ejercicio.

Respecto a la concentración de minerales la legislación establece las siguientes categorías:aguas-embotelladas

  • Bicarbonatadas: En términos generales colaboran a las digestiones pesadas, así como a prevenir la acidez.
  • Sulfutadas: activan el movimiento intestinal.
  • Cloruradas: Conocidas por fomentar la secreción gástrica y biliar.
  • Ferruginosas: Mantienen los altos niveles de hierro.
  • Sódicas: Pueden ayudar a eliminar pequeños cálculos. Ideal para deportistas.
  • Hiposódicas: Favorecen las diuresis. Recomendable para personas hipertensas.
  • Cálcicas: Al ser ricas en calcio contribuyen a la mineralización de huesos, dientes y puede ser útil para prevenir la osteoporosis.
  • Flouradas: Indicadas especialmente para las caries.
  • Magnésicas: Se les atribuyen propiedades como aliviar el estrés y la ansiedad, siendo laxantes.

(Si buscamos un agua para mejorar alguna dolencia, lo mejor es consultar a nuestro médico. Por norma general se recomiendan aguas con bajo nivel de sodio.)

El residuo seco hace referencia a la cantidad de sales minerales que permanecen tras evaporar un litro de agua a 180 grados, considerándose más depurativas para el riñón las que menor cantidad de residuo seco presentan. Se consideran de mineralización muy débil (las que presentan menos de 50 mg/l de residuo seco), débil (cuando es inferior o igual a 500 mg/l), media (si no supera los 1.500 mg/l) y fuerte (cuando exceden de los 1.500). Este factor tampoco es indicativo de una mejor o peor calidad del agua, pero puede aportar sabor y limitar sus usos, aunque en España todas las aguas son de mineralización baja y tienen un interesante efecto diurético. Se recomiendan a quienes padecen cálculos urinarios, hipertensión y en la preparación de alimentos infantiles y biberones.

 

Aunque se trata de un bien bastante barato si se bebe del grifo, cada español consume una media de 134 litros de agua embotellada al año. Es la bebida no alcohólica que más se compra en el país y la demanda va en aumento. Pongamos un ejemplo: llega la hora de elegir el menú del día y el camarero pregunta por las bebidas. Si la opción elegida es agua, muchos se decantan por una botella en lugar de pedir una jarra, como si la segunda opción denotara racanería. Otras veces es el hostelero el que se niega a servirla.

Este nuevo hábito de la sociebotellas-plastico-reciclar-dad moderna además sale bastante caro. Tanto para el bolsillo como al planeta. Se puede comprar por precios desorbitados, dependiendo de la marca y de su origen. Además de tocar las carteras, también sacuden el medio ambiente. El plástico de los miles de millones de botellas que se fabrican al año tarda 500 años en descomponerse y supone una grave amenaza para los mares y océanos. Se estima que en España cada día se venden 51 millones de bebidas envasadas, pero solo se reciclan 20 millones.

Cargar con el peso que suponen las botellas o las garrafas de agua, el espacio que requieren de almacenaje o su reciclaje posterior son solo algunos de los inconvenientes que supone beber agua embotellada.

Cuando tengamos que comprar agua embotellada en los establecimientos comerciales, debemos tener en cuenta varios parámetros:

  • Siempre hay que elegir las aguas minerales naturales, son muy fáciles de distinguir ya que en su etiqueta siempre aparece su análisis de composición.
  • Comprobar la fecha de caducidad, aunque al tratarse de un producto de alta rotación, es extraño ver aguas caducadas.
  • Desechar todas aquellas que no indiquen su composición. La composición del agua embotellada nos da pistas sobre sus características en boca.

¿Qué criterio utilizamos a la hora de elegir el agua a tomar?

  • Si buscamos un agua para la preparación de alimentos infantiles debemos buscar las aguas con unos niveles de sodio muy bajos.
  • Si es para quitar la sed, es mejor el agua que NO sea de mineralización muy débil, para reponer las sales minerales de nuestro organismo y eliminar la sensación de sed.
  • Si eres una persona a la que le cuesta beber agua, lo mejor es elegirlas de mineralización muy débil, ya que son más fáciles de beber.

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¿Qué tipo de agua crees que es el adecuado para tu consumo propio?

Aunque el agua del grifo o el agua de la ciudad no atraigan tanto a las personas como las aguas embotelladas, es una alternativa saludable y económica a las aguas embotelladas. La mayor parte del agua de grifo es adecuada para beber. Si te preocupa este aspecto, simplemente compra una jarra filtrada que puedas colocar en tu refrigerador para que tengas un nivel de filtración adicional.

El agua del grifo se evalúa con mayor frecuencia para detectar más bacterias y químicos que el agua embotellada. Además, debe someterse a un proceso de desinfección obligatorio antes de consumirla.

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